La llegada al cuarto de siglo nos muestra un panorama optimista hacia el futuro en la arquitectura peruana, más allá de plantas de distribución y programas, hoy reconocemos curiosas y elogiables composiciones que se leen en los cortes de los proyectos, y en la vida dentro de ellos, que nos hacen disfrutar del espacio arquitectónico. Porque parece que los arquitectos peruanos se han dado cuenta que el espacio de la arquitectura no es sino perceptible en el movimiento, y en esa experiencia es que tienen capital importancia la limpieza de los volúmenes que dialogan con el contexto, la espacialidad diáfana e intermedia, la materialidad de paredes, pisos y techos que muestran sin problemas la estructura, etc.; manifestándose en muchos casos una gran capacidad de síntesis del diseño, desde las partes hacia el todo. El arquitecto peruano ha reencontrado su vocación de constructor que conoce la historia y experimenta con solvencia técnica la creatividad en la solución de espacios habitables con identidad.