YUYANAPAQ

YUYANAPAQ. PARA RECORDAR

Editorial:
PONTIFICIA UNIVERSIDAD CATOLICA DEL PERU
Materia
FOTOGRAFIA
ISBN:
978-612-317-050-9

Disponibilidad:

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Los analistas políticos, y buena parte de la opinión pública nacional, consideran que el 17 de mayo de 1980, en Chuschi, Ayacucho, se registró el inicio del conflicto armado interno en el Perú. Esta data, tan frecuentemente utilizada en numerosos informes y comentarios periodísticos, no tiene una contraparte contundente para determinar el fin de este largo periodo de violencia en el que todos los peruanos estuvimos involucrados durante casi veinte años. Es lamentable, y hasta cierto punto irónico, precisar con exactitud las fechas en que ocurrieron ciertos hechos, pero no poder afirmar con la misma seguridad cuándo terminó la denominada «guerra interna». Las pérdidas humanas y materiales que se produjeron en este periodo tampoco se han podido determinar con exactitud. Las cifras pueden resultar demasiado frías, pero el recuerdo de miles de muertos y desaparecidos, heridos, lisiados, huérfanos y viudas deberá mantenerse siempre en nuestra memoria colectiva no solamente como un homenaje sino también como una imagen permanente que impida que las atrocidades producto de la violencia vuelvan a ocurrir.
Durante los años en que esta exposición ha estado abierta al público no solo ha concitado un elevado número de visitantes sino que también ha generado respuestas espontáneas de espectadores de toda edad. Esas reacciones, impresiones y pensamientos han sido recogidos a lo largo de más de una década en cuadernos de comentarios puestos a disposición del público en la exhibición. Ellos constituyen un poderoso testimonio del significado y la importancia que tiene para los peruanos y peruanas, hoy, confrontar su propia historia, hablar públicamente de aquello que fue silenciado, mirar frente a frente el dolor de sus compatriotas, la ferocidad de los verdugos y la dignidad intacta de los sobrevivientes.

Esta segunda edición ha sido enriquecida con una muestra de esos testimonios, la mayor parte de los cuales nos recuerdan una lección aún poco asimilada por la sociedad y el Estado peruanos: la necesaria solidaridad frente al dolor de nuestros hermanos, sobre todo el de los más vulnerables.