ARQUINE 74. ESPACIOS DE TRABAJO

ARQUINE 74. ESPACIOS DE TRABAJO

Editorial:
ARQUINE
Año de edición:
Materia
Oficinas

Disponibilidad:

  • Sede Central MirafloresNo disponible. ¡Contáctanos!
  • Sede centro de LimaNo disponible. ¡Contáctanos!
  • Almacen SencundarioNo disponible. ¡Contáctanos!

En este número 74 de Arquine se plantea revisar esos espacios en los que pasamos buena parte de nuestro tiempo y que, además, se presentan como una de las tipologías que más ha evolucionado y más se ha sofisticado en las últimas décadas, siendo uno de los orígenes más claros en la genealogía de la arquitectura moderna.Buena parte de la humanidad pasa al menos una tercera parte de su vida en una fábrica, un taller o una oficina. Se trata de espacios que operan a distintos niveles: organizan las relaciones entre quienes los ocupan, procuran lograr mayor eficiencia en los modos de producción o simbolizan la eficacia y solidez de una compañía o empresa, con implicaciones tanto sociales como políticas.
Así, Josef K —de El proceso de Kafka— no era más que un insignificante oficinista de ese espacio agobiante que construyó Orson Welles en blanco y negro. La gran oficina formada por mesas y hombres grises, sin atributos, que como hormigas repetían eternamente la misma rutina, refleja el paradigma productivo de una sociedad alineada y rígida. Oficinas mejor diseñadas como la Johnson Wax de Frank Lloyd Wright no fueron más que una versión más iluminada y diáfana del mismo modelo, como expresión máxima de una tipología que cobra su mayor esplendor a mitad del pasado siglo. En buena medida, la oficina abierta e isomorfa supone la voluntad de acabar con las diferencias jerárquicas entre los trabajadores, al mismo tiempo que implica el sometimiento de todos a una mirada absoluta que potencialmente todo lo vigila.
Quizás el despacho y la oficina son lugares para despachar, oficiar, expedir o liquidar virtualmente, en abstracto, mientras que el taller, el laboratorio o la fábrica tengan componentes más físicos y manuales, pero todos éstos son espacios regulados por sus acciones. Aquellas grandes salas abiertas en blanco y negro de Welles —para seguir con ejemplos cinematográficos— o las del Lobo de Wall Street, evolucionaron en todo el mundo hacia los espacios personalizados de Mad Men, hasta los actuales playgrounds al estilo de Google, donde se propicia la creatividad y la singularidad, convirtiendo el dolor y el esfuerzo del castigo bíblico en ludotecas.