40 PINTORES PERUANOS

40 PINTORES PERUANOS

Editorial:
EDICIÓN DE REINHARD SEIFERT
Año de edición:
Materia
Monografias de Artistas
ISBN:
978-612-00-3138-4
Páginas:
263

Disponibilidad:

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En algunos libros y exposiciones pictóricas ?y quizá? por alcanzar cierto enganche o cierta notoriedad en el lector y en el público asistente (muchas veces no está muy claro la intención del autor o del curador), que asistía a las exposiciones o que leía en esas actividades se perfilan exageraciones semánticas. Los autores o curadores presentan a su pintor “adoptivo”, casi siempre con adjetivos y sin explicaciones mayores, como por ejemplo, se apunta lo máximo: El más logrado pintor, el mejor pintor, el pintor romántico, el pintor de la selva, el pintor indigenista, el pintor académico, el pintor peruanista, el pintor social, el pintor de oro, el pintor figurativo, el pintor abstracto, el único pintor, el pintor de vanguardia y un largo etcétera. Los que usan este tipo de calificativos tiene poca imaginación narrativa. De ser así, este concepto totalitario encierra algo más, de ser el único y lo superior en su oficio. Algo así como sostener la exclusividad, ser lo superlativo en el mundo artístico. Y por ello esto -así escrito- claramente estrellaba el concepto básico del arte con su anarquismo y su forma de ver al mundo lioso. Por tanto, hollaba su libre expresión.

Otros escritores y curadores de exposiciones, que escribían o hablaban sobre la pintura o acerca de un fingido pintor “consagrado”, le faltaron el respeto, sin darse cuenta. A este grupo humano hay que agregar los innombrables “críticos de arte” que aparecen en la prensa local y cobran por artículo publicado. Trazan o conferencian ?y entre líneas y palabras? un sutil propósito. La inanición se les salen por todos los poros. Temen ser descubiertos por una crítica más consiente. Les da patatús o la pataleta de una niña malcriada, cuando no les hacen caso. Son arrollados por sus propias pequeñeces. Y sobre todo, olvidaron esta esencial manera de una relación humana, de respeto hacia el artista. Cuando falta el respeto a alguien es imposible recuperar la confianza.

Muchas palabras ?aunque sean rebuscadas o rimbombantes? no son suficientes para describir con más objetividad al pintor, de su motivo, y su forma de ser, su sino de la vida para entender la pregunta básica: “¿Por qué pintar?” Bajo este agudo punto de vista es probable, más que posible, que conceptos, visiones se diluyen en frases sin sentido, que se deslizan en terrenos fangosos; por tanto mejor es hablar de horizontes pictóricos, que no son comprendidos de antemano, antes de ingresar a un terreno de afirmaciones superficiales y sin valor académico. ¡Palabras, palabras, palabras!

Adoptan un amaneramiento, o caen en la falta de una espontaneidad, naturalidad o variedad en sus gestos y en el quehacer práctico que los catapulta fuera del circuito artístico originados por sus propias decisiones.

A pesar de mi pesimismo, el universo de los pintores peruanos, sus caracteres y sobre todo su forma de ser y actuar, es tan aceptable y complejo a la vez, como la sociedad misma, que existen desgarramientos sociales muy profundos. Es un real reflejo de la vida misma, de sus tristezas, alegrías y esperanzas. Hay pintores alegres, tristes, copiones, altaneros, campechanos, sofisticados, huachafos, humildes, racistas, ingeniosos, humanistas, socialistas, comunistas, ambientalistas, liberales, conservadores, conservacionistas, bohemios, estrambóticos; de todo existe y convive y sobrevive en este Perú multicultural.

El individuo y el pintor se somete al todo, a la sociedad en su conjunto, cuando sale de su claustro, de su taller, y al dar este paso decisivo promete vencer a su intranquilidad interna y ?de pronto? se encuentra solo. Luego cierto nivel de autoindulgencia consigo mismo no funciona. Debe enfrentar a sus propios demonios internos. La disolución de esta contradicción de la vida es ser auténtico con su talento y vocación, en un mundo donde no hay escape. Es nadar contra la corriente y “hacer poco ruido donde existe pocas nueces”. Este mundo artístico, este mini-universo, en algo lo hemos prescrito en unas cuantas líneas. Espero que no haya sido en vano, y que se comprenda un poco mejor el quehacer pictórico. Y cuando los pintores merecen un lugar sin mezquindades, sin muecas satíricas, sin falsos gestos y sin falsas promesas.